La selección peruana aumentó el sinsabor de la afición por estar en la última posición. Las derrotas ante Chile y Brasil avivan los aires de cambiosLa derrota de un seleccionado que es superado de manera abismal por sus adversarios puede tener interpretaciones de diversa índole, aunque lo que sí resiste a un análisis, es el desconcierto con el cual se desenvuelven los jugadores de tal combinado. Y esa es la sensación que queda al final, porque este equipo que dirige José Del Solar más parece una combinación de caracteres de varios individuos que no logran tener una idea en común, sobre todo en el campo de juego.
El ejemplo más claro fue el partido contra Chile. Con la expectativa que acarreó por tratarse del clásico rival, los jugadores peruanos en vez de contagiarse del súper ambiente instalado en el estadio Monumental, al contrario empezaron a desconcertarse con el vértigo ofensivo propuesto por el sureño rival desde los primeros minutos. Y el desconcierto entonces trajo a la desesperación, la misma que experimentó Juan Manuel Vargas quien, impotente por detener a Alexis Sánchez, no solo le cometió el penal previo al segundo gol; sino que además le pegó una soberana patada, dejando en desventaja a sus compañeros, ante un rival ensañado por aumentar el marcador.
Ahora, la inquietud por saber cuál fue la estrategia planteada por el técnico peruano se puede responder desde la ignorancia. Claro, si el rival te hace un gol en los primeros minutos con una jugada que se gesta por la izquierda y termina por el otro extremo con un derechazo mortal del pícaro Sánchez, parece que cualquier propuesta se desmorona.
Entonces el desconsuelo quedó instalado, puesto que recibir este tipo de goles, sin respuesta de los peruanos ante jugadas de fácil lectura, parece un despropósito mayor y más aún responder ante la adversidad con calma, no parece estar al alcance de este grupo de jugadores. ¿Vale la pena resignarse con saber que no hay gente para más?
El ejemplo más claro fue el partido contra Chile. Con la expectativa que acarreó por tratarse del clásico rival, los jugadores peruanos en vez de contagiarse del súper ambiente instalado en el estadio Monumental, al contrario empezaron a desconcertarse con el vértigo ofensivo propuesto por el sureño rival desde los primeros minutos. Y el desconcierto entonces trajo a la desesperación, la misma que experimentó Juan Manuel Vargas quien, impotente por detener a Alexis Sánchez, no solo le cometió el penal previo al segundo gol; sino que además le pegó una soberana patada, dejando en desventaja a sus compañeros, ante un rival ensañado por aumentar el marcador.
Ahora, la inquietud por saber cuál fue la estrategia planteada por el técnico peruano se puede responder desde la ignorancia. Claro, si el rival te hace un gol en los primeros minutos con una jugada que se gesta por la izquierda y termina por el otro extremo con un derechazo mortal del pícaro Sánchez, parece que cualquier propuesta se desmorona.
Entonces el desconsuelo quedó instalado, puesto que recibir este tipo de goles, sin respuesta de los peruanos ante jugadas de fácil lectura, parece un despropósito mayor y más aún responder ante la adversidad con calma, no parece estar al alcance de este grupo de jugadores. ¿Vale la pena resignarse con saber que no hay gente para más?

Luego, lo ocurrido días después con la derrota ante Brasil en Porto Alegre apenas fue un rezago del maremoto instalado por la marea roja en Lima. Era una exigencia mayor, ante un rival que demostró una inmensa superioridad en el campo y que para felicidad nuestra apenas marcó tres tantos. No se puede resumir de otra forma, solo hubo un equipo que propuso juego ofensivo y la muestra más clara es que el primer acercamiento nacional, que incluso fue un remate de larga distancia, se produjo a través de Alexander Sánchez al minuto 67. Simplemente no existimos y los brasileños jugaron a ritmo de entrenamiento como si se tratase de un partido ante un rival de fogueo.
Las últimas cinco eliminatorias, a pesar de que la Federación hizo millonarias inversiones, han pasado como mero trámite para los seleccionados. Es indecoroso asimismo observar la tabla de colocaciones y vernos en el pozo, alejados del penúltimo lugar. Y es que ha pasado de todo en el fútbol peruano. Pasaron técnicos, pasaron jugadores, pasaron generaciones de aficionados, pero ¡claro! los nombres de la cúpula dirigencial se repiten como si fueran figuritas de álbum. Ya parece que ni una posible desafiliación de nuestro balompié les remueve del cargo. ¿Habrá alguien quien podrá ayudarnos?
Las últimas cinco eliminatorias, a pesar de que la Federación hizo millonarias inversiones, han pasado como mero trámite para los seleccionados. Es indecoroso asimismo observar la tabla de colocaciones y vernos en el pozo, alejados del penúltimo lugar. Y es que ha pasado de todo en el fútbol peruano. Pasaron técnicos, pasaron jugadores, pasaron generaciones de aficionados, pero ¡claro! los nombres de la cúpula dirigencial se repiten como si fueran figuritas de álbum. Ya parece que ni una posible desafiliación de nuestro balompié les remueve del cargo. ¿Habrá alguien quien podrá ayudarnos?
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